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Follow En el nombre del karma

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viernes, 30 de diciembre de 2011

El cuento del viajero parte 2

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Y ahí voy yo, la protagonista del cuento, paseando melancólica sobre mi unicornio blanco, buscando inspiración.
Un día como otro cualquiera aparece un viajero con una mochila enorme, unos mapas y un problema de comunicación. Se sorprende de poder hablar conmigo en extranjero, su idioma materno, y, créeme viajero, ¡yo me sorprende aún más!

Después de tratar de descifrar las indicaciones de sus mapas y por una imprudencia o buena fe, acabo echándole una mano al viajero, llevándole en mi unicornio hasta la fuente de energía más cercana (¡tranquila mamá, no lo volveré a hacer!).
Llegamos al trote hasta dicha fuente (llamada entre los humanos gasolinera) siguiendo las indicaciones de una guía de lo más freak, algo con un nombre como la hichwiki o la hichhipedia... Qué más dará el nombre...la cuestión es que, como toda persona informada sabe, existe la wikipedia: una caja virtual e infinita de información que nunca quisiste saber y que ahora consultas ante cada mínima duda. Y ¿por qué? pues porque puedes (y porque...it's free!). Pues resulta que siguiendo esta idea, también se ha inventado una guía hiperdetallada e hiperactualizada de cómo llegar a todos los rincones del planeta básicamente a pie y haciendo dedo (de ahí el nombre de la enciclopedia).
Volviendo al cuento: me río disimuladamente cuando el viajero admite que pretende llegar de ese modo a Oporto desde Barcelona. Y él se ríe sin disimular cuando me dice que, a Barcelona, ha llegado desde Helsinki. ¡JA!
Ese es el momento. Ahí tienes tu revelación.
No es que ahora desee ir a Oporto a dedo a ver a un amigo. Ni siquiera quiero ir a Cuenca de visita de este modo (chica llámame excéntrica, pero le tengo aprecio a una buena cama, una buena ducha y a la comodidad en general).
Pero mi revelación fue que:
nº1. Siempre he querido escribir porque me divierte y es una buena terapia.
nº2. La compra obsesiva de libretas “para llevar en el bolso por si se me ocurre algo” necesita justificarse.
nº3. Nunca me he decidido a escribir “públicamente” porque no he creído que tenga nada interesante que contar.
Y, al fin, mi revelación: si alguien puede cruzar Europa “porque sí”, ¿por qué no puedo yo escribir un simple blog también “porque sí”?
Y el “porque sí” se juntó una tarde con la fórmula “tiempo + algo que contar + amigas motivadoras que asustarían a una cheerleader” y me he decidido a publicar lo que llevo tiempo escribiendo: tontadas en forma de cuento que darán cuerpo a una aventura motivada intrínsecamente* por un brote de confianza y el listado anterior.

Puede que no le interese a nadie, pero dentro de unos años será divertido ver lo que pensaba entonces/ahora. Y, como mínimo, me reiré de mi misma, que es la forma de humor más sana y constructiva que conozco.

*Motivación intrínseca es cuando tu jefe te dice “haz esto” y tu le dices que se busque una motivación intrínseca o deseo propio que le lleve a hacerlo él mismo. Luego, tu mismo/a te buscas la motivación personal e intransferible de buscarte otro curro.

Ilustraciones: www.kristahuot.com/

miércoles, 28 de diciembre de 2011

El cuento del viajero (Parte 1)























Hay personas en este mundo a quienes el elemento X - llámese destino, Dios o el karma – (marque con una cruz según sus creencias) ha puesto en el mundo para que los demás se den cuenta de algo. Son como los “reveladores” de pequeñas verdades o pequeñas motivaciones…¿cómo era…? Intrínsecas, que diría una amiga.
Estas personas aparecen un día en tu puerta, metafóricamente hablando, y te dan un toque, también metafórico, con la varita mágica de sus actos y palabras. Un pequeño chasquido delante de tus ojos que te despierta y te dice: “si no lo has hecho, es porque no has querido”. Como un yes we can! a la española.
Esta especie de seres mitológicos vaga por el mundo, sin un lugar propio para el desarrollo de sus quehaceres.  Por ello, puede que a lo largo de tu vida tengas la suerte de encontrarte con más de un duende de la revelación y si lo encuentras, un consejo: escúchale.
Y ahí va la protagonista del cuento, paseando melancólica sobre su unicornio blanco, buscando inspiración.
...

martes, 6 de diciembre de 2011

El cuento de los cuentos que tardaban en llegar

Dicen que lo bueno se hace esperar.
Esperar genera una serie de expectativas.
Las expectativas deben cumplirse por el bien de uno mismo.
No es lo mismo pensar en una cosa que hacer esa cosa.
Las cosas que "debo terminar" me gritan desde mi lista.
Una lista que no para de crecer con promesas.
Prometo actualizar pronto.

domingo, 9 de octubre de 2011

El cuento del perro

Érase una vez un perro que dormía, comía, jugaba y salía a pasear. Nunca estaba triste porque recibía su dosis diaria de caricias, su comida...
Sus dueños, cuando era un cachorro, le habían enseñado qué cosas estaban bien, con premios, y qué cosas estaban mal, con castigos leves, así que ahora sólo hacía lo que se esperaba que hiciera porque casi había olvidado todo lo demás. Pasaba su tiempo alternando entre comer, dormir, pasear, jugar y recibir premios de vez en cuando por no ladrar demasiado...
Y el perro era feliz. Era feliz haciendo lo que debía hacer sin necesidad de cuestionarse qué debía hacer, porque, de hecho, no recordaba que podía hacer otras cosas.
De pequeño le enseñaron bien: nunca debía olisquear más allá de la valla del jardín; nunca debía querer comer aquello que no estuviera en su plato; nunca debía soñar con disfrutar de cosas inalcanzables.
Y el perro era feliz. Pero no conocía otra forma de vida.
Sus dueños, aquellos que le enseñaron tan bien a no portarse mal, dormían confiados sabiendo que su pequeño perro sería siempre feliz e ignorante.
Un día, el hijo de los dueños del perro lo maltrató, y con rabia el perro mordió la mano de su amo, el mismo que le daba de comer.
Y su amo llamó a la perrera (o a unos señores con casco, escudo y porra).

Fin!

(El perro no quiso terminar el cuento aquí, se hizo con una flauta, un cartel pintado a mano y se plantó en Sol pidiendo que a los perros, de pequeños, les enseñaran a morder a su dueño cuando éste no los tratara bien).

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Shhhht! Cállate y cuéntame un cuento


A todos nos gusta que nos cuenten cuentos.
También a los adultos. Cuentos de la vida ajena, eufemismos del cotilleo banal. 
Películas o cuentos largos. De final mejor que el nuestro, para vivir por un ratito
en una ilusión, una proyección de nuestros anhelos más íntimos.
O peor que el nuestro; reconfortante por aquello del "no me puedo quejar", 
tengo suerte de estar así de mal.
Cuentos cortos con un principio, un nudo y un desenlace; que nos inquietan
los finales abiertos: yo no quiero esperar. 
Quiero mi final, mi conclusión, bien cerradita, sin fisuras.
Quiero que me digan que muere, que acabó con fulanita en una isla, que se arruinó.
Aun sabiendo que, en la vida, final sólo hay uno, yo quiero el final de cada uno de mis relatos, 
para dormir tranquila sin incógnitas rondando por mi archivo de historias.

Así que, deja de hablar por hablar.
Recoge las notas que durante años has ido desperdigando por tu vida
sobre post its y libretas.
Reúnelas y construye tu edificio de cuentos.

Y, ahora, shhhhhht! 
Cállate. Deja de parlotear 
y cuéntate un buen cuento.

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